Bueno chavales, chavalas, lectores y navegantes, ya estamos aquí, de nuevo, en tierras madrileñas y posteando por este blog de nuevo, tras un corto periodo de inactividad escritora, aunque no lectora, jeje.
Bueno, desde el anterior post, dedicado a mi preciosa Coletitas, han pasado muchas cosas, mas buenas que menos buenas, pero siempre con el apoyo y ánimo de mi querida pitufilla que siempre esta a mi lado, en todo momento.
Pero como decía Jack el Destripador, "vayamos por partes". Primero, unos pequeños problemillas de salud, no muy graves, pero si molestos que hicieron varias visitas al hospital y médicos varios, pero de momento parece que estan superados.
Luego, pues Semana Santa, la mejor de los últimos años, aunque seguro que vendrán mejores siempre en compañía de mi niña. El Domingo 17 pusimos rumbo a tierras gallegas, con las maletas cargadas de alegría y felicidad, por compartir muchos días juntos. A las 22:30 de la noche, en Chamartín, montamos en el tren hotel hacía Pontevedra. El viaje, bueno, no es que fuera muy cómodo, pero se hizó con mucha ilusión y en muy buena compañía, aunque, descansar no se pudo descansar mucho, pero se aguantó como se pudo, aunque hubo quién se durmió un buen rato, jeje.
Una vez en Pontevedra, pusimos rumbo en autobús hacia nuestro destino, Bueu, un pueblecito pesquero y tranquilito a 30 kilometros de Pontevedra. Allí, en nuestro hotelillo, ya pudimos descansar un buen rato, y desde la ventanita se veía la playita y el mar, y Sanxenxo en la otra orilla de la Ría, vamos, que te tirabas por la ventana y estabas en la playa.
El primer día nos dedicamos a visitar el pueblo de Bueu, muy bonito y con buenas calitas y barquitos. También visitamos la lonja del puerto, en donde se subasta el pulpito y pescado, y luego regresamos a cenar al hotel. El resto de días, visitamos La Toja, O Grove, Marín y ya el tercer día Vigo, con sus cuestas arriba, su mirador, y su calorcito.
En Vigo llegamos en barco desde Cangas, media horita cruzando la mar y sin marearme ni nada, jeje. Y ya allí, tras visitar el mercado de la piedra, y la Catedral, pusimos rumbo valientemente hacia el mirador del parque de O Castro. Tras sufrir unas buenas cuestas arriba por calles y monte, jeje, llegamos a la parte más alta de la ciudad. Eso si, mereció la pena, unas vistas increíbles de todo Vigo, de la Ría, del puerto, de los edificios, de todo, y de mi niña, que siempre pone la belleza allá a donde va. Ese día si descansamos bastante en el hotel, jeje.
Y ya nuestro último día, lo pasamos en Santiago. Sí, esa ciudad que carece de consigna en la estación de tren. Tras la decepción inicial, cargando las maletas por toda la ciudad, encontramos mayor alegría y reconforte con una buena ración de Pulpo a Feira y de croquetas caseras de marisco, y de buenas tapitas y empanada gallega. Y tras la visita a la ciudad Compostelana, a las 22:35 regresamos a la estación de tren y montamos en nuestro tren-hotel de regreso a Madrid, que esta vez al menos mi niña descanso un poco mas que en el primer viaje.
Así que eso ha sido nuestra Semana Santa, para mí la mejor de todas y en la mejor compañía posible, a la que tengo que agradecer que me cuidara tan bien y me mimara tanto, ¡MIL GRACIAS SOLETE!.
Pues nada más gente, ya escribiré más en cuanto pueda, que tengo una princesita muy linda que cuidar, y eso no es cualquier cosa y muy poca gente tiene algo tan precioso de novia (bueno nadie, solo yo, jeje).
Un cordial saludo a todos los lectores y muchos abrazos. Recordar, sed buenos y reflexionar mucho, que hoy es Domingo de Resurrección.
Mil besitos para tí solete.
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1 comentario:
Amore míoooooooo!! vaya vacaciones más chulas que nos hemos marcado por tierras Bueunenses (no sé si es así, pero bueno jajaja dando patadas a la RAE que no se queja :P).
Ahí con sus cenitas y sus comiditas improvisadas, con esas fresas con nata (o nata con fresas?)de postre, esas copitas de chocolate, el día de las croquetitas de marisco, que aunque fueran escasas, estaban muuuy ricas), el desayuno con mi zumito de naranja natural...
Nuestro atardecer en la playa abrazados, nuestros millones de paseos de la mano, los innumerables besos, las caricias, las miradas, los abrazos, las sonrisas intercambiadas, las puestas de sol compartidas, todos los rincones nuevos visitados...
Pero lo mejor de todo, con lo que más me quedo es la sensación de poderme girar en la cama y sentirte a mi lado, respirándome casí en el oído. Ese es el mejor regalo de Bueu.
Mil gracias por otro viaje más mi solete
Coletitas
PD: Otro año te meto a misa en Santiago eh?
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